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Nadie sabe nada de emprendimiento (I)

4 Mar

En 2009 se estrenó en el Festival de Cannes un docudrama llamado “Nadie sabe nada de gatos persas”, que trataba de un grupo indie iraní que quería grabar un disco, realizar un concierto y conseguir pasaportes que les permitieran salir de la restrictiva sociedad iraní. Esta película fue muy alabada por el jurado (que le concedió el premio Un Certain Regard) y la crítica porque mostraba un Irán distinto al que teníamos en nuestras mentes, con jóvenes con las mismas inquietudes que los de cualquier país del mundo, que lo único que quieren es progresar y si es necesario salir fuera para cumplir sus sueños. Realmente nos dimos cuenta que no sabíamos nada de “gatos persas”.

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Ayer, Jordi Évole, en otro episodio de hipérbole periodística a los que nos tiene acostumbrado, dedicó su programa “Salvados” a los #emperdedores (sic). Yo, que suelo ser bastante higiénico para con los espectáculos televisivos, y opino que el “panem et circenses” imperial lo hemos sustituído por “pizzas y docushows”, suelo ver estas cosas a toro pasado. Y he empezado a visionar este programa con ánimo de analista exhaustivo, como un trabajo más de los que realizo diariamente.
Para que entremos en materia, a mí la palabra “emprendedor” me da bastante grima. Desde los años 80 vengo renegando de ella porque la considero una mala transcripción de la palabra inglesa “entrepreneur”. Richard Cantillon fue el primer economista que utilizó “entrepreneur” allá por el siglo XVIII, y lo definió como “aquel que paga un precio determinado por un producto para volverlo a vender a un precio incierto, de forma que toma decisiones sobre la obtención y el uso de recursos a la vez que admite de forma consecuente el riesgo de la empresa”.
Esta definición del “entrepreneur” de Cantillon puede ser fácilmente utilizable tanto para el empresario tradicional como para un emprendedor: ingresos inciertos frente a costes ciertos, necesidad de toma de decisiones sobre el uso de recursos y asunción de riesgos. Es lógico que Cantillon hablase de comprar productos, porque vivía en el siglo XVII, en pleno nacimiento del capitalismo mercantil. Pero los conceptos básicos son los mismos. Si emprendemos, debemos saber que nuestro beneficio será incierto, que estamos asumiendo un riesgo y que tenemos que habituarnos a tomar decisiones. Ese es el mejor test para saber si estás preparado para ser emprendedor.
Si asumimos esas premisas, ya tenemos asumido el resto. Hablar de que los trámites burocráticos son largos, de que Hacienda se lleva nuestra pasta y de que “no se fomenta ecosistema emprendedor” es de llorones y de torpes. Así de claro, y lo siento por el que le duela. Imaginaos que me lanzo a comercializar dispositivos para localizar niños en la calle, pero no me los compra ni el Tato. ¿Debo ponerme a despotricar porque la demanda no quiere casar con la oferta, o asumirlo como uno de los factores sobre los que debería haber tomado una decisión?
Vamos a ejemplos de los que salen en los primeros ocho minutos :

  • Alejandro Vesga, director de la revista Emprendedores, desde Madrid Emprende (uno de los escaparates políticos del Ayuntamiento de Madrid para decir “mira que somos majos que os dejamos un local para que hagáis de emprendedores”) suelta la verdad a medias de que en españa hacen falta 28 días para montar una empresa, y lo pone como un obstáculo para emprender, y compara con República de Congo, donde es más fácil montar una empresa.

Me parece MUY FUERTE que alguien con un altavoz tan grande diga tantas burradas. En primer lugar, si quieres emprender, los trámites burocráticos son un obstáculo tan inoportuno como la contracción de la demanda interna, la inelasticidad de ciertos mercados o la escalabilidad incierta de los nuevos negocios. Lo que pasa es que es muy guays no ponerlo como algo a tener en cuenta en nuestro lienzo de modelo de negocio y luego poner en marcha la “buambulancia”. La burocracia es necesaria: hay que estar en el registro A, en el B y en el C porque es necesaria la seguridad en el tráfico mercantil, pero muchas veces los trámites largos son más culpa de gestores, asesores y abogados torpes y vagos que de la Administración en sí. Le aseguro ahora mismo desde aquí al señor Vesga que el lunes que viene voy a emprender, y el miércoles estoy facturando con todas las de la Ley. Los 28 días es una media y no un dato cierto: no es lo mismo abrir como comunidad de bienes (24 horas) o como Sociedad Limitada Nueva Empresa (48 horas) para vender chupetes por e-commerce mediante dropshipping que montar una biotech. Ni aquí ni en la República del Congo.

Con respecto a lo fácil que es montar una empresa en el Congo, reto al señor Vesga que monte una empresa allí. Es un país con unas leyes muy poco estables, con un poder judicial bastante poco fiable, con un gobierno bastante menos de fiar que cualquier gobierno europeo, con un sistema de salud bastante precario, con una renta per cápita bastante baja, con unos impuestos del 49% sobre beneficios, y con empresarios que estarían encantados de venir a España a trabajar de administrativos por el salario mínimo interprofesional. Pero como dijo un señor alemán, una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en verdad (o al menos se pretende).

  • A continuación, Jaime Estévez, CEO de Agoranews, nos habla de que debido a que no pudo pagar el IVA de un período porque sus clientes (administraciones públicas) no le pagaron unas cantidades bastante importantes, se procedió a embargar sus cuentas corrientes por parte de la Agencia Tributaria, y le tuvieron que avalar unos parientes, y se puso en peligro su empresa.

Aquí casi me entra la risa. Jaime, con toda la confianza: manda a quien te lleve los impuestos a la puta mierda. Y de paso al inútil de tu director financiero. Así de claro. Y te lo voy a explicar detalladamente para que tanto tú como los que sois emprendedores y no tenéis por qué saber de impuestos y clasificación de clientes lo entendais.

En primer lugar, el IVA funciona de la siguiente manera: el sujeto pasivo paga facturas que llevan IVA que se deduce y hace facturas que llevan IVA que se debe pagar a Hacienda. A Hacienda le importa tres pepinos si las facturas que haces están pagadas, pero ¡ojo! también le importa tres pepinos si las facturas que recibes las has pagado. Por tanto, puedes deducirte IVA no pagado, pero tienes que pagar IVA no cobrado, porque no importa el flujo de dinero sino el flujo comercial. Si aplicásemos el criterio de caja (que parece que sea la panacea para los emprendedores, cuando no lo es), no pagarás el IVA no cobrado, pero tampoco te deducirás el IVA no pagado. Así que la factura que te manden para pagar a 60 días te la deducirás dentro de 2 meses. Por no hablar de la faena que nos va a dar ese encaje a los consultores fiscales (y lo que vamos a ganar).

En segundo lugar, hay una cosa fundamental en las empresas que no hace ni el Tato: la planificación fiscal. Hay un criterio muy extendido por ahí de que lo último que se paga si no hay dinero es Hacienda y la Seguridad Social. Eso estaba muy bien hace 25 años, cuando no tenían servidores ni crossdata, pero ahora, con las notificaciones electrónicas y los avisos instantáneos, no puedes descuidarte. Prefiero no pagar y negociar con el proveedor de folios que con la Seguridad Social. Por eso, a la hora de planificar mis pagos, pondré en plano de igualdad a la AEAT y la Seguridad Social con el resto de proveedores o me pegaré una leche impresionante.

En tercer lugar, la secuencia de hechos que cuentas, Jaime, no es cierta. Seguramente te aconsejaron que optaras por no pagar y esperar (por eso te recomiendo mandar a paseo a tu asesor fiscal). cuando tu liquidez no te permite pagar un trimestre/mes de cualquier impuesto (salvo en el caso de las retenciones) solicita un aplazamiento o un fraccionamiento del impuesto a la Agencia Tributaria. Dependiendo del importe, te piden garantías o no. Pero para llegar al embargo de cuentas corrientes hay que haber hecho muchas tonterías antes. Te lo digo por experiencia propia. Aplazamiento-aceptación/denegación-nuevo plazo de pago voluntario-requerimiento-aviso de procedimiento de apremio-nuevo aplazamiento-aceptación/denegación-nuevo plazo de pago-comienzo procedimiento de embargo. Pueden ser fácilmente de seis a nueve meses hasta embargar cuentas si se hace bien. ¿Y en todo ese plazo no pudiste hacer nada?

En cuarto lugar, hay que ser muy cuidadoso a la hora de vender productos y servicios. Vender porque sí es un riesgo muy alto. Es mejor cribar bien a los clientes desde el primer día que empiezas, porque aunque vendas menos, tendrás clientes de mejor calidad. Y nunca poner muchos huevos en pocas cestas. Diversificar el riesgo de clientes. Lo importante no es lo que vendes, sino lo que cobres. Saber cortar el grifo en cuanto no te pagan y saber reclamar lo que te deben, incluso aunque sea perdiéndolo, pero que sepan que sólo trabajas con Lannisters, que siempre pagan sus deudas. Si te juegas el 40% de tu facturación con señores cuyos pagos dependen de presupuestos públicos, date por muerto. Les encanta torear a los proveedores (y también lo digo por experiencia propia).

Como veo que el post se está haciendo muy largo, sigo mañana, que hoy ya he contado muchas cosas y solo estamos empezando.

Un saludo.

La Aventura de Emprender, una lectura muy recomendable

13 Feb

Cuando me enteré de que Ángel María Herrera iba a publicar un libro sobre su experiencia emprendedora (gracias a su cuenta de Twitter @angelmaria, que sigo desde hace bastante tiempo y os recomiendo seguir), enseguida busqué todo sobre el libro: cómo iba a ser, cuándo se publicaba, qué contaría… Era tal mi inquietud que lo compré en prepublicación, y ayer (día de su lanzamiento) lo descargué en mi tablet en cuanto Paypal me señaló que ya estaba disponible. Lo siento, Ángel, soy de esos bichos raros que prefieren los libros en ebook por comodidad. 😉

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Para aquellos que no sepáis quién es Ángel María Herrera, comentaros que es uno de los socios fundadores de empresas como la startup cultural evoluZiona, el agregador de blogs Medios y Redes,  el sitio español para publicar libros gratuitamente Bubok, la empresa de branding influenZia y por supuesto, la Fundación Iniciador, dedicada al fomento del emprendimiento por todo el mundo. Con esos ingredientes, no puede haber un mal argumento.

A veces se aprende más de los emprendedores más cercanos, que parten de unas circunstancias parecidas a las tuyas, desde una situación parecida a la tuya, y desde tus mismas circunstancias que leyendo biografías de señores que han vivido otros tiempos, en otros lugares y con otras inquietudes.

He de deciros que yo pertenezco a la misma generación que Ángel María: la generación que vivió los albores de la informática personal, que usó Internet desde aquellos inicios del modem de 56K que impedían a tus padres llamar al teléfono cuando estabas conectado, que conoció MS/Dos en los PCs “clónicos”, como entonces se conocía a los que no eran de IBM pero copiaban su estructura, de los que hemos usado disquettes de 5 y 1/4 y de 3 y 1/2 para guardar información (cabía la milésima parte de lo que cabe ahora en un disco duro portátil, a ojo de buen cubero), que conocimos Linux y Windows cuando empezaban a decir papá y mamá, que se sentían fascinados por el correo electrónico, el IRC, los procesadores de datos, etc. Lo que a mis hijos les cuento como “la prehistoria de Internet”.

Yo seguí una trayectoria distinta a la del autor. Me puse a trabajar en una empresa mediana como economista contable, pero a la vez iba siempre probando gadgets y software interesante. Tuve un teléfono móvil en cuanto pude, ADSL en cuanto apareció, solicité banca electrónica para la empresa, les sugerí crear una intranet  para la comunicación interna y compartir documentación, expertise y conocimientos, hice todos los cursos habidos y por haber sobre Sociedad del Conocimiento, fui de los primeros en asistir a cursos online, en utilizar DNI electrónico, en sugerir el uso de firma electrónica y codificación de emails para documentos confidenciales… Intenté en todo momento ser un observador privilegiado de la sociedad tecnológica que estaba creándose. Siempre con la inquietud de dar el salto hacia ser mi propio jefe, pero nunca me atreví.

Es curioso cómo en los dos últimos años, ejemplos como el de Emilio Márquez, Carlos Blanco, Jesús Encinar, Sebastian Chartier, Javier Echaleku y el mismo Ángel María Herrera me han impulsado a emprender e innovar en un sector como el de la consultoría fiscal y contable y a tener en mente un proyecto ilusionante que solamente el tiempo y mi tenacidad dirán si ha sido grande o solamente un ejemplo de lo que no hacer.

La lectura de este libro, sencilla, entretenida, absorbente (me lo he leído en cuatro horas y media aproximadamente) te hace reflexionar sobre cómo si tienes una idea y tienes el empuje y los socios necesarios para llevarla a cabo, puedes conseguir que se convierta en tu negocio y a la vez en tu forma de vida, pero también te muestra que hay que saber compaginar vida y trabajo, y valorar lo más importante: tú mismo.

Ángel María Herrera nos demuestra, a través de las páginas de su libro, que España es un país donde una puede emprender si quiere, que un emprendedor debe sortear todas las trabas sin desaliento, que ha de buscar su propio equilibrio, que la ansiedad es el peor enemigo del emprendedor, que los logros son un privilegio de los tenaces y de los audaces, que si la vida te pone obstáculos has de eliminarlos o evitarlos, que si te rodeas de un equipo en el que puedes delegar y confiar tienes muchos pasos dados… Tantas lecciones en tan pocas páginas que no puedo más que recomendarlo encarecidamente.